El humo


Atardecer; afilados de una iglesia salen, los miro desde mi ventana, en los parques se devoran, son obeliscos penetrando el cielo, buscando penetrar a todos los santos, esperando lluvias de leche y miel.

Viajando en un taxi al doblar la esquina me descubro entre los titanes; él y yo estamos abajo, muy abajo en la cadena alimenticia; ahora lo comprendo, mirando la ciudad desde lo alto, muy alto, bebiendo gratis en el hotel lujoso y acerino: nosotros sólo somos el humo, y ellos metal fundido; entonces huí.

Tomé una foto de un geniecillo sentado en el puente, éste aun en construcción, el daemon se burla del progreso con mi muerte: al atardecer mi retorno fue el de una chispa de soldadura perdiéndose en la oscuridad, oscuridad que se abre a mi luz apagándose, cayendo en el precipicio de este vértigo; de mí queda el humo, mostrándome en siluetas la verdadera naturaleza de las formas.

Jinetera


Zarik:
¿Socios de palabra?

Trini:
Pero que quede claro, no venimos a pedir caridad

V.O. Zarik:
Amén.

Paisajismo


El majestuoso acaricia con la pupila las nubes anaranjadas; por la falda de la montaña se extienden los inevitables en la bruma.

En este valle amenazado por los que su sombra es reina, la vergüenza será la madre de tu cobardía: el gesto patético que te define, por el que te reconocerán por siempre a ti y a tu piara. Eres enano, eres piedra chata que lanzan inseguros, los que temen desde lo indigno; eres ellos. Allá, los inmortales, los que impecables pisan, no tendrán piedad los titanes.

Como las diosas celosas, ellos no perdonan; y no hay final a toda nuestra ojeriza.

El sol se nublará


El Domingo se cae en Sábado,
apenas era Enero;
desde Febrero.


Avances

 
Del cielo de nuestras expectativas, como un avión en llamas, caen nuestros sueños; sobre el desierto del mundo.

Durante la caída, como avances para una película que nunca habrá de estrenarse, ocurre y contemplamos, la historia del error de nuestras vidas: la expectativa.

Al final de la cinta: el vértigo.


Mis contemporaneos


Aquí somos menos, no necesariamente por número, sino por vínculo.

Oveja negra


Las hermanas dijeron que no me separara, que a la distancia, lejos del rebaño uno queda hecho pedazos; así que me fui. Estuve ahí frente a la luz y nada quedó de mí.

 Una comunidad innombrable inmovilizó mi memoria en una cárcel de ideales perversos: libertad, razón, bien común. Otras hermanas intencionalmente perdieron el rumbo, salieron de la sombra de lo enunciado para mirar la luz; la luz, la infinita luz, su devastadora actividad sobre todo lo conocido. Tremenda conmoción causaron. 

Luego el acontecimiento fue olvidado; dominadas por la ceguera de la costumbre y la filiación, todas las miradas fueron arrojadas de vuelta a la discreción de las ovejas blancas.

Casi después de los cuervos


En el invierno, en el helado invierno, arrastras la memoria como el vago bajo el puente su costal. La memoria, esa sombra, como un lobo acechándote en el bosque.

Esta es la ciudad por la mañana, tu te tambaleas amenazando a un ejército; invisible para los demás. Los demás, para quienes tu miseria no es el bastión de una resistencia, sólo un fin de año a las 6 a.m., el comienzo del final de una mala película, que todos queremos termine ya. La muchachita oportunista te toma una fotografía artística que tres días después habría de obsequiarte: ¿A quién reconoces en la imagen? ¿Al banquero en brazil de ayer o al perro sin dueño de hoy?

Al rededor de las diez de la mañana el cuervo azulado, entre las hojas secas.